lunes, 5 de diciembre de 2011


( día dos, camino por el cementerio )

un hombre se acerca y pregunta si temo

Eña: ¿a qué ?

El: a los muertos nena.. a los muertos.

Eña: todos se ven iguales, mismo gesto, el aroma neutro los párpados del muerto, un templo de deseos.

El: ¿y los pájaros?

Eña: mis corazones con alas, ventanas volcánicas dónde yace la historia de los labios, dónde mueren las miradas.

El: ¿a que viniste?, ¿podrías quedarte quieta?, abrí los ojos!

Eña: no vine, llegué; cabalgaba aquellas olas, que viene... que va... 
una sacudida, dos vueltas en el aire y zas.. 
en círculos centrífugos caí empedernida, 
sus brazos un pesebre para el cuerpo huracanado, 
para las mejillas frías, un sol.

El: vení te invito un trago mocosa.  .

Eña: no bebo, que amable; tal vez pueda ayudarme, me dirijo a la campana, sostenida por las momias, de hierro, de algodón, color ..color..

El: ¡habla!

Eña: no me apure.

El: no lo hago

Eña: ¡no me grite!

El: ¿qué?

Eña: calle 25 y la 30 entre la 6ta y la 42, a mitad de cuadra, de éstas especiales cuadras..

El: te equivocas.

Eña: no, eso tengo escrito aquí en la palma de mi pequeña mano, eche un vistazo buen hombre. Él lo escribió antes de que pudiera despertarme, fue una sorpresa, un presagio, estoy donde debo.

El : ¿dónde?

Eña: debo.
(Se miran)

El: ¿que bicho te pico?

Eña: un avestruz con cabeza de anís, un sonido que duerme chiquito, un susurro que agita cómo marea, ¿qué importa?

El: ¿ves aquella ventana sobre el mármol francés?

Eña: no

El: estás ciega o sos rebelde, es un espejismo miradas, realmente real, no hay ninguna.

Eña: ¿y cómo sentir algo que nunca sentiste?, ¿se mide a talle?

El: me caes mal, pendeja, con amor te lo digo.

Eña: en cambio usted muy bien se acomoda en el tiempo de mi sentir.

El: te quiero

Eña: siempre, yo siempre te quise.

El: ojitos de blanca flor, de mentol, tus ojos un sol, augurio de los penitenciarios, alivio de los quebrados.

Eña: abrazame, fuerte penetrame, no te olvides del cuerpo, no me dejes en silencio, los desconocidos son rutas gemelas, son señales dolorosas.

El: siempre te quise entre los muertos

Eña: siempre te supe entre el silencio

El: siempre te olvidé.

Eña: lo sé

El: abro la valija y estás, cabo el pozo y estás.

Eña: ¿la valija?, ¿viajas?

El: que importa… ahora estás.

Eña: visita ambulatoria, es de diablo, me falla el corazón, me quiebro sin razón. Ven, ven cerca de mí, dame un último beso, dame tu piel.. Se desarma en mis manos fallidas.

El: no te vas..

Eña: ya me fui, siempre supiste amador de los  muertos, que las flores se marchitan más rápido en la lápida y en tus ojos.