( día dos, camino por el cementerio )
un hombre se acerca y pregunta si
temo
Eña: ¿a qué ?
El: a los muertos nena.. a los
muertos.
Eña: todos se ven iguales, mismo
gesto, el aroma neutro los párpados del muerto, un templo de deseos.
El: ¿y los pájaros?
Eña: mis corazones con alas, ventanas
volcánicas dónde yace la historia de los labios, dónde mueren las miradas.
El: ¿a que viniste?, ¿podrías
quedarte quieta?, abrí los ojos!
Eña: no vine, llegué; cabalgaba
aquellas olas, que viene... que va...
una sacudida, dos vueltas en el aire y
zas..
en círculos centrífugos caí empedernida,
sus brazos un pesebre para el
cuerpo huracanado,
para las mejillas frías, un sol.
El: vení te invito un trago
mocosa. .
Eña: no bebo, que amable; tal vez
pueda ayudarme, me dirijo a la campana, sostenida por las momias, de hierro, de
algodón, color ..color..
El: ¡habla!
Eña: no me apure.
El: no lo hago
Eña: ¡no me grite!
El: ¿qué?
Eña: calle 25 y la 30 entre la 6ta y
la 42, a mitad de cuadra, de éstas especiales cuadras..
El: te equivocas.
Eña: no, eso tengo escrito aquí en la
palma de mi pequeña mano, eche un vistazo buen hombre. Él lo escribió antes de
que pudiera despertarme, fue una sorpresa, un presagio, estoy donde debo.
El : ¿dónde?
Eña: debo.
(Se miran)
El: ¿que bicho te pico?
Eña: un avestruz con cabeza de anís,
un sonido que duerme chiquito, un susurro que agita cómo marea, ¿qué importa?
El: ¿ves aquella ventana sobre el
mármol francés?
Eña: no
El: estás ciega o sos rebelde, es un
espejismo miradas, realmente real, no hay ninguna.
Eña: ¿y cómo sentir algo que nunca
sentiste?, ¿se mide a talle?
El: me caes mal, pendeja, con amor te
lo digo.
Eña: en cambio usted muy bien se
acomoda en el tiempo de mi sentir.
El: te quiero
Eña: siempre, yo siempre te quise.
El: ojitos de blanca flor, de mentol,
tus ojos un sol, augurio de los penitenciarios, alivio de los quebrados.
Eña: abrazame, fuerte penetrame, no
te olvides del cuerpo, no me dejes en silencio, los desconocidos son rutas
gemelas, son señales dolorosas.
El: siempre te quise entre los
muertos
Eña: siempre te supe entre el
silencio
El: siempre te olvidé.
Eña: lo sé
El: abro la valija y estás, cabo el
pozo y estás.
Eña: ¿la valija?, ¿viajas?
El: que importa… ahora estás.
Eña: visita ambulatoria, es de
diablo, me falla el corazón, me quiebro sin razón. Ven, ven cerca de mí, dame
un último beso, dame tu piel.. Se desarma en mis manos fallidas.
El: no te vas..
Eña: ya me fui, siempre supiste
amador de los muertos, que las flores se
marchitan más rápido en la lápida y en tus ojos.