El cielo rojo, dispuesto a precipitarse
Como las ausencias que provocas en silencio
Camarada, de desidia en cuanto al amor, no soy yo.
No había misterios en las melodías del domingo
No hay complejo que me filtre el estado cíclico de amor
Platicando de ti, de ti, de ti toda la maldita noche platicando con mi sombra sobre ti
Cabeceando al sueño para que no distraiga la imagen tenue de tus sinopsis
Canciones ajenas, delirios de tu mirada, en la habitación, mi obsesión
La tristeza ya pierde genero y consigna, día y permanencia, ya se pierde entre la multitud y el ultimo trago amargo.
Te pierdes sin pena, sin rastro con la boca llena de rojos sobrevivientes de la escena, mendiga.
No me presiones el paladar con tu lengua filosa y voraz, deja de fastidiar al músculo engrupido y melancólico que no arremete a nada, que no se atreve a nada.
Se que te extraño porque no me queda lugar en la valija de los deseos.
Me chantajea hasta el sórdido contraer de tus pestañas al mirar-me, al saborearme y satisfecho te largues en busca de municiones alérgicas a la primavera, a la flor de estación que sonámbula se pasea por los verdes, mientras garuaba pequeño y finito, como el miedo que te tengo, como el silencio que no digo de vos.
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